Mi autobiografía inconclusa... (Carlos Alberto Vera Abed)



Mi autobiografía inconclusa…

Nací a la vida una noche de viernes de mayo de 1960, en el apacible barrio de la Santísima Trinidad, a la vera de los durmientes del antiguo ferrocarril Carlos Antonio López, específicamente en el Km 9, a escasos metros de la iglesia redentorista de la Piedad donde una réplica en madera de la bella obra de Miguel Ángel, sobre un púlpito de la nave principal, observa desde arriba a los visitantes que, extasiados de la belleza arquitectónica, prácticamente la ignoran.
Si solo subieran unos centímetros los ojos…
Allí también fui bautizado.
Allí también renové mis votos matrimoniales hace unos años.
La casa en que nací ya no existe. Antigua y señorial dio paso a la modernidad. Donde había galería ógajere de altos techos y columnas con recios basamentos ahora relumbran vidrios blindex y mucho cemento. Los árboles a los que solía trepar de niño ya no existen; en su lugar, una pileta de agua olorosa a cloro y brillos de mil celestes diferentes ciegan al contacto con la luz del sol. Ya no hay fresco en su patio; en su reemplazo, el calor abofetea.
Es, sin embargo, el precio indiscutible que la modernidad paga – ¿o cobra? –, que está sufriendo un barrio que de señorial y antiguo ha pasado, gracias a ambición de las burbujas inmobiliarias, de tradicional a lo más chic de Asunción, sitio de precios altos, largos apellidos prosapiales y algunas desvergüenzas.
Mi contacto con las TIC se dio como pasan algunas cuestiones impensables. Un amigo, fotógrafo él, compañero de infancia, a sabiendas que yo estudiaba programación de computadora en el CNC (1980, Anno Domini), en la añeja sede Pascal de la calle Curupayty casi Pettirossi, creyó que yo estaba suficientemente habilitado para operar las computadoras Wang del desaparecido diario La Tribuna en su última época, sobre la calle Artigas y Brasilia. En realidad, como el periódico estaba ya quebrado, necesitaban gente joven, con ganas de aprender, ambiciosa y que no estén apurados en cobrar regularmente. Todo era cierto, menos lo último. Como todo novio que se precie, el dinero era fundamental para mis propósitos.
A partir de ahí comenzó una trayectoria en los medios de comunicación y las agencias de publicidad: La Tribuna, Noticias el Diario, Ultima Hora, La Nación y ABC Color. También agencias de publicidad, como Esmeralda, Nasta y Estudio 1.
Fui uno de los primeros en realizar diseño gráfico computarizado en nuestro país, sobre todo con las computadoras Apple Macintosh. Cuando Internet ingresó a nuestro país, desde la desaparecida empresa ECSA (Equipos Contables SA), representante de la NCR (National Cash Register), dueños absolutos del mercado de equipos comerciales electrónicos, ya nos conectábamos vía módem a un BBS (Bulletin Board System) en los EE.UU.
Muy buena experiencia que nos abrió un mundo nuevo y promisorio.
Como buena fue la experiencia en la Universidad Nacional de Asunción en la carrera de programación de computadoras. Al principio, como indiqué más arriba, nos alojábamos en la antigua sede de Curupayty, donde programábamos con RGB, Basic y Cobol. Una reluciente máquina perforadora compilaba nuestros exámenes, que estaban perfectamente alineados en una multitud de tarjetas.
Luego llegó la modernidad a la UNA. Se construyó un local en el Campus de San Lorenzo donde se instaló la supermegarecontrahipercalifrajilisticoexpialidosa computadora IBM (creo que 3742), de la cual solo había otra en el Banco Central del Paraguay. En uno de los salones, operábamos las simpáticas Sinclair para programar juegos, cuando no con las Commodore.
Fue largo el camino. Lastimosamente, al contrario de algunas personas y afín a otras, el matrimonio hizo que no culminara mi carrera de programador. Me dediqué a ganar dinero haciendo lo que sabía. Me dediqué, sobre todo, mundo del diseño editorial, que también me llevó a otras áreas como el desarrollo del diseño y su relación con el arte.
Cuando decidí culminar una carrera universitaria, siendo ya un “anciano”, descubrí mi otra faceta: la enseñanza y la investigación. Tuve buenos maestros, sobre todo maestras; una de ellas, Olga Blinder, fue mi mentora hasta su fallecimiento.
Comencé enseñando en el Instituto Superior de Arte Olga Blinder, de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte, en la carrera de Artes Visuales. Viendo que los estudiantes de arte necesitaban una aproximación a la tecnología, en el 2009 propuse a mis directores incorporar una materia desafiante para un programa que era netamente de arte. La misma se llamó “Informática aplicada a las artes visuales”. El pretexto de esta era el que el estudiante de arte incorpore las tecnologías como un recurso discursivo al tiempo que una herramienta expresiva y operacional. Al principio fue optativa, luego se incorporó a la malla curricular y sigue dictándose, solo que tuve que dejarla hace un par de años para dedicarme a otra función. Claro, trabajábamos sobre una plataforma virtual Moodle y las TIC eran nuestra motivación fundamental. Llevamos a cabo, entre otras cuestiones, proyectos de Realidad Aumentada con un resultado muy satisfactorio, tanto en lo expresivo-artístico como en lo tecnológico.
En el camino fui invitado por Andrés Benkö, a la sazón presidente de la Universidad Americana, para capacitar a su plantel docente en el ámbito de las tecnologías y, posteriormente, dar el salto a la educación a distancia. Tuve la fortuna de capacitar a la mayoría de su plantel e incorporamos planes como el de una computadora por docente, potenciamos la plataforma académica y los profesores comenzaron a utilizarla como soporte pedagógico.
Planteamos la primera carrera desarrollada utilizando educación a distancia al ciento por ciento en el Paraguay, basada en un plan metodológico, en un modelo sustentable. Se invirtió en un canal audiovisual, las clases de los profesores de grababan y se editaban in situ para entregárselas a los estudiantes.
Nuestro primer alumno fue –¡oh, gran sorpresa!– Roque. El eterno Roque Santacruz desde Inglaterra en ese momento. Una anécdota cuenta que cuando se le iba a tomar el primer examen de la carrera, él invitó los pasajes para que el docente viaje hasta Londres para ello…
Tuve la fortuna de ser el primer coordinador académico de dicho servicio hasta que, por razones de estructura de mis horarios, ya bastante complicados porque a la mañana trabajaba en la Americana, a la tarde estudiaba, a la noche trabajaba en ABC Color y de madrugada me dormía manejando; se dieron las circunstancias y tuve que aprender a desprenderme de algunas responsabilidades.
Me dediqué a conservar un solo trabajo formal, terminar mis estudios, enseñar, escribir, hacer arte e investigar.
En el ámbito de la investigación gané un par de premios, internacional y nacional. En la escritura también gané premios nacionales y tengo editados cinco libros y papers, el último de ellos el año pasado. Ahora está en edición un libro más y otro en desarrollo. En el ámbito artístico expuse en Paraguay, Cuba, Venezuela, Perú, España y Francia. Luego colgué los pinceles, las gubias y la cámara fotográfica y me dediqué de lleno a la enseñanza y a la investigación.
Gracias a los buenos trabajos que tuve e impulsado por la necesidad de contar con acceso a una mayor información para investigaciones, pude formar una buena biblioteca, dedicada especialmente a la historia del Paraguay, tanto de autores extranjeros como nacionales. En la colección se cuenta con textos desde 1862 a la fecha. Mi línea investigativa abarca la historia del Paraguay desde el siglo XVII al XX.
En 2014, ya involucrado en el área de la investigación, gané un concurso de la OEI para representar al Paraguay con un proyecto cultural llamado Aranduvera, que consistía en la digitalización de textos perimidos y subirlos a un repositorio web. Fui a España, junto a otros 21 compañeros de Iberoamérica, a trabajar el proyecto. El mismo se volvió realidad y está en la siguiente dirección: http://aranduvera.com.py, Biblioteca Digital Abierta Aranduvera, la cual tiene a la fecha más de 30 mil visitas desde su apertura. El proyecto está sostenido totalmente por la familia, no recibe ayuda ni expensas de ninguna institución, privada o estatal.
En este lugar se pueden encontrar textos digitalizados de materiales que no se encuentran en otras colecciones, libros agotados, raros y agotados que obran en la Colección Vera-Scuderi, que es nuestra biblioteca familiar.
Igualmente, el visitante podrá encontrar textos sobre la historia patrimonial del Paraguay, fruto de mis colaboraciones como columnista en el diario ABC Color, especialmente para el suplemento Escolar.
La idea subyacente detrás de este proyecto cultural es que la información esté al alcance de quien lo necesite, de manera libre, gratuita y ubicua. Tengo usuarios de lugares tan lejanos como Australia, India, China, Rusia, Tailandia o Madagascar. El proyecto, amén de la utilidad se convierte en un difusor de la cultura paraguaya y es muy gratificante ver los perfiles de accesos y de usuarios.
Para terminar, debo agregar que hice varias especializaciones en el ámbito de la educación a distancia, la mayoría de ellos en la UNA. Con la Universidad de Granada, con el Grupo Alfa, con la Universidad del País Vasco; otros, con el Ministerio de Educación, Ciencias y Deportes de España, con la OEA y la OEI.
Los temas fueron educación virtual, plataformas Moodle, educación superior, educación superior inclusiva, tutoría virtual en plataformas, ambientes virtuales de aprendizaje y documentación.
Hago, por otro lado, digitalización preventiva y recuperación de papeles antiguos, también paleografía. El trabajo en el que estoy involucrado en la actualidad es la transcripción de un manuscrito inédito del siglo XVIII del padre Joseph Labrador, SJ, del castellano antiguo misionero al moderno.
Hice algunas otras cosas. Estuve hasta el año 2017 como administrador de la plataforma académica virtual de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte; fui docente del área de ingreso y me desempeñé un tiempo como tutor virtual del Depto. de E-Learning de mi querida Facultad Politécnica.
En el 2017 fui contratado por el Parque Tecnológico Itaipu para cuidar de los 50 estudiantes paraguayos becados por la Itaipu para realizar sus estudios en la Universidad de la Integración Latinoamericana (Unila) en la ciudad de Foz de Yguazú. Eso hizo que tenga que trasladarme a vivir en Ciudad del Este porque trabajo dentro de la Central Hidroeléctrica de Itaipu.
Nuevos desafíos, nuevas perspectivas, nuevos horizontes.
Después de todo, en once meses más me acojo a la jubilación. Gracias por la paciencia del que lee esto.
Saludos cordiales a todos…

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